Tiempo de Siembra y Cosecha (Seedtime And Harvest) · 1956
- El Extremo de un Hilo Dorado
- Los Cuatro Poderosos
- El Don de la Fe
- La Escala del Ser
- El Juego de la Vida
- “Tiempo, Tiempos y Medio”
- Sed Prudentes como Serpientes
- El Agua y la Sangre
- Una Visión Mística
”A todos vosotros que aplicáis lo que leéis en este libro y que, al obrar, creáis un mundo más noble.”
Neville Goddard
Capítulo 1: El Extremo de un Hilo Dorado
«Te doy el extremo de un hilo dorado; solo enróllalo en un ovillo, y te conducirá a la puerta del Cielo, edificada en el muro de Jerusalén.” - Blake
En los ensayos que siguen he procurado señalar ciertas vías de acercamiento a la comprensión de la Biblia y a la realización de tus sueños.
“Que no seáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas.” - Hebreos 6:12
Muchos que disfrutan de los viejos y familiares versículos de la Escritura se desalientan cuando ellos mismos intentan leer la Biblia como leerían cualquier otro libro, porque, de manera muy excusable, no comprenden que la Biblia está escrita en el lenguaje del simbolismo. Sin saber que todos sus personajes son personificaciones de las leyes y funciones de la mente, que la Biblia es psicología más que historia, se devanan los sesos con ella por un tiempo y luego se dan por vencidos. Todo les resulta demasiado desconcertante. Para comprender el significado de sus imágenes, el lector de la Biblia debe estar despierto en su imaginación.
Según las Escrituras, dormimos con Adán y despertamos con Cristo. Es decir, dormimos colectivamente y despertamos individualmente.
“Y Jehová Dios hizo caer un sueño profundo sobre Adán, y éste se durmió.” - Génesis 2:21
Si Adán, o el hombre genérico, se halla en un sueño profundo, entonces sus experiencias, tal como se registran en las Escrituras, han de ser un sueño. Solo quien está despierto puede contar su sueño, y solo quien comprende el simbolismo de los sueños puede interpretar el sueño.
Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?” - Lucas 24:32
La Biblia es una revelación de las leyes y funciones de la Mente, expresada en el lenguaje de aquel reino crepuscular al que entramos cuando dormimos. Puesto que el lenguaje simbólico de este reino crepuscular es muy semejante para todos los hombres, los exploradores recientes de este reino, la imaginación humana, lo llaman el «inconsciente colectivo».
El propósito de este libro, sin embargo, no es darte una definición completa de los símbolos bíblicos ni interpretaciones exhaustivas de sus relatos. Todo lo que espero haber hecho es haber señalado el camino por el cual es más probable que logres realizar tus deseos. «Todo cuanto deseéis» solo puede obtenerse mediante el ejercicio consciente y voluntario de la imaginación, en obediencia directa a las leyes de la Mente. En algún lugar dentro de este reino de la imaginación hay un estado de ánimo, un sentimiento del deseo cumplido que, si lo haces tuyo, significa para ti el éxito. Este reino, este Edén, tu imaginación, es más vasto de lo que sabes y recompensa su exploración. «Te doy el extremo de un hilo dorado;» tú debes enrollarlo en un ovillo.
Capítulo 2: Los Cuatro Poderosos
“Y salía de Edén un río para regar el huerto, y de allí se repartía en cuatro brazos.” - Génesis 2:10
“Y cada uno tenía cuatro caras…” - Ezequiel 10:14
“He aquí, veo cuatro varones sueltos, que se pasean en medio del fuego sin sufrir ningún daño; y el aspecto del cuarto es semejante al Hijo de Dios.” - Daniel 3:25
“Cuatro Poderosos hay en cada hombre.” - Blake
Los «Cuatro Poderosos» constituyen la individualidad del hombre, o Dios en el hombre. Hay «Cuatro Poderosos» en cada hombre, pero estos «Cuatro Poderosos» no son cuatro seres separados, apartados uno de otro como lo están los dedos de su mano. Los «Cuatro Poderosos» son cuatro aspectos diferentes de su mente, y difieren entre sí en función y carácter sin ser cuatro yoes separados que habitan el cuerpo de un solo hombre.
Los «Cuatro Poderosos» pueden equipararse con los cuatro caracteres hebreos: יהוה, que forman el nombre-misterio de cuatro letras del Poder Creador, nombre que reúne y combina en sí mismo las formas pasada, presente y futura del verbo «ser». El Tetragrámaton es venerado como el símbolo del Poder Creador en el hombre, YO SOY, las cuatro funciones creadoras en el hombre que se extienden para realizar, en fenómenos materiales concretos, cualidades latentes en Sí mismo.
Podemos comprender mejor a los «Cuatro Poderosos» comparándolos con los cuatro personajes más importantes en la producción de una obra teatral.
“El mundo entero es un escenario, y todos los hombres y mujeres, meros actores; tienen sus salidas y sus entradas, y un hombre, en su tiempo, representa muchos papeles…” - Como gustéis, Acto II, Escena VII
El productor, el autor, el director y el actor son los cuatro personajes más importantes en la producción de una obra. En el drama de la vida, la función del productor es sugerir el tema de una obra. Esto lo hace en forma de un deseo, tal como: «Quisiera tener éxito»; «Quisiera poder hacer un viaje»; «Quisiera estar casado», y así sucesivamente. Pero para aparecer en el escenario del mundo, estos temas generales deben de algún modo especificarse y desarrollarse en detalle. No basta con decir: «Quisiera tener éxito», eso es demasiado vago. ¿Éxito en qué? Sin embargo, el primer «Poderoso» solo sugiere un tema.
La dramatización del tema se deja a la originalidad del segundo «Poderoso», el autor. Al dramatizar el tema, el autor escribe solo la última escena de la obra, pero esta escena la escribe en detalle. La escena debe dramatizar el deseo cumplido. Construye mentalmente una escena tan vívida como sea posible de lo que experimentaría si hubiera realizado su deseo. Cuando la escena está claramente visualizada, el trabajo del autor está terminado.
El tercer «Poderoso» en la producción de la obra de la vida es el director. Las tareas del director son velar por que el actor permanezca fiel al guion y ensayarlo una y otra vez hasta que sea natural en el papel. Esta función puede compararse con una atención controlada y conscientemente dirigida, una atención enfocada exclusivamente en la acción que implica que el deseo ya está realizado.
«El aspecto del Cuarto es semejante al Hijo de Dios», la imaginación humana, el actor. Este cuarto «Poderoso» ejecuta dentro de sí mismo, en la imaginación, la acción predeterminada que implica el cumplimiento del deseo. Esta función no visualiza ni observa la acción. Esta función efectivamente representa el drama, y lo hace una y otra vez hasta que adquiere los tonos de la realidad. Sin la visión dramatizada del deseo cumplido, el tema permanece como mero tema y duerme para siempre en las vastas cámaras de los temas no nacidos. Ni tampoco, sin la atención cooperante, obediente a la visión dramatizada del deseo cumplido, alcanzará la visión percibida realidad objetiva.
Los «Cuatro Poderosos» son los cuatro cuadrantes del alma humana. El primero es el Rey de Jehová, que sugiere el tema; el segundo es el siervo de Jehová, que desarrolla fielmente el tema en una visión dramática; el tercero es el hombre de Jehová, que fue atento y obediente a la visión del deseo cumplido, que trae de vuelta al guion la imaginación errante «setenta veces siete». El «Aspecto del Cuarto» es Jehová mismo, que representa el tema dramatizado en el escenario de la mente.
“Haya en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no tuvo por rapiña el ser igual a Dios…” - Filipenses 2:5, 6
El drama de la vida es un esfuerzo conjunto de los cuatro cuadrantes del alma humana.
“Todo lo que contemplas, aunque parece estar afuera, está adentro, en tu imaginación, de la cual este mundo de mortalidad no es sino una sombra.” - Blake
Todo lo que contemplamos es una construcción visual ideada para expresar un tema, un tema que ha sido dramatizado, ensayado y representado en otra parte. Lo que presenciamos en el escenario del mundo es una construcción óptica concebida para expresar los temas que han sido dramatizados, ensayados y representados en la imaginación de los hombres.
Los «Cuatro Poderosos» constituyen la individualidad del hombre, o Dios en el hombre; y todo lo que el hombre contempla, aunque parece estar afuera, no son sino sombras proyectadas sobre la pantalla del espacio, construcciones ópticas ideadas por la individualidad para informarle acerca de los temas que ha concebido, dramatizado, ensayado y representado dentro de sí mismo.
«La criatura fue sujetada a vanidad» para que llegue a ser consciente de la individualidad y de sus funciones, pues con la consciencia de la individualidad y de sus funciones puede obrar con un propósito; puede tener una historia conscientemente autodeterminada. Sin consciencia, obra inconscientemente y clama a un Dios objetivo para que lo salve de su propia creación.
“¡Oh Jehová!, ¿hasta cuándo clamaré, y no oirás; y daré voces a ti a causa de la violencia, y no salvarás?” - Habacuc 1:2
Cuando el hombre descubre que la vida es una obra que él mismo, consciente o inconscientemente, está escribiendo, cesará del ciego autotormento de ejecutar juicio sobre los demás. En su lugar, reescribirá la obra para que se ajuste a su ideal, pues comprenderá que todos los cambios en la obra deben provenir de la cooperación de los «Cuatro Poderosos» dentro de sí mismo. Solo ellos pueden alterar el guion y producir el cambio.
Todos los hombres y mujeres en su mundo son meros actores y son tan incapaces de cambiar su obra como lo son los actores en la pantalla del cine para cambiar la película. El cambio deseado debe ser concebido, dramatizado, ensayado y representado en el teatro de su mente. Cuando la cuarta función, la imaginación, haya completado su tarea de ensayar la versión revisada de la obra hasta que sea natural, entonces el telón se alzará sobre este mundo en apariencia tan sólido y los «Cuatro Poderosos» proyectarán una sombra de la obra real sobre la pantalla del espacio. Los hombres y las mujeres representarán automáticamente sus papeles para llevar a cabo el cumplimiento del tema dramatizado. Los actores, en razón de sus diversos papeles en el drama del mundo, se vuelven pertinentes al tema dramatizado del individuo y, por ser pertinentes, son atraídos a su drama. Representarán sus papeles, creyendo fielmente todo el tiempo que fueron ellos mismos quienes iniciaron los papeles que representan. Esto lo hacen porque:
“Tú, Padre, en mí, y yo en ti… yo en ellos, y tú en mí.”
Estoy implicado en la humanidad. Somos uno. Todos estamos representando los cuatro papeles de productor, autor, director y actor en el drama de la vida. Algunos lo hacemos conscientemente, otros inconscientemente. Es necesario que lo hagamos conscientemente. Solo de esta manera podemos estar seguros de un final perfecto para nuestra obra. Entonces comprenderemos por qué debemos hacernos conscientes de las cuatro funciones del único Dios dentro de nosotros mismos, para que tengamos la compañía de Dios como Sus Hijos.
“El hombre no debe seguir siendo hombre; su meta debe ser más alta. Pues Dios solo a dioses aceptará por compañía.” - Angelus Silesius
En enero de 1946 llevé a mi esposa y a mi pequeña hija a Barbados, en las Indias Occidentales Británicas, de vacaciones. Sin saber que había dificultades para conseguir un pasaje de regreso, no había reservado el nuestro antes de salir de Nueva York. A nuestra llegada a Barbados descubrí que solo había dos barcos que servían a las islas, uno desde Boston y otro desde Nueva York. Se me dijo que no había espacio disponible en ninguno de los dos barcos antes de septiembre. Como tenía compromisos en Nueva York para la primera semana de mayo, puse mi nombre en la larga lista de espera para la travesía de abril.
Unos días después, el barco de Nueva York estaba anclado en el puerto. Lo observé con mucho cuidado y decidí que este era el barco que debíamos tomar. Regresé a mi hotel y me determiné por una acción interior que sería la mía si de verdad navegáramos en ese barco. Me acomodé en un sillón de mi dormitorio, para perderme en esta acción imaginativa.
En Barbados tomamos una lancha a motor o un bote de remos hacia lo profundo del puerto cuando embarcamos en un gran vapor. Sabía que debía captar el sentimiento de que navegábamos en ese barco. Elegí la acción interior de pasar desde la lancha y subir por la pasarela del vapor. La primera vez que lo intenté, mi atención se dispersó después de que había alcanzado lo alto de la pasarela. Me hice volver abajo, e intenté una y otra vez. No recuerdo cuántas veces ejecuté esta acción en mi imaginación hasta que alcancé la cubierta y miré hacia atrás al puerto con el sentimiento de una dulce tristeza por partir. Estaba feliz de regresar a mi hogar en Nueva York, pero nostálgico al despedirme de la encantadora isla y de nuestra familia y amigos. Sí recuerdo que en uno de mis muchos intentos de subir por la pasarela con el sentimiento de que estaba navegando, me quedé dormido. Después de despertar, atendí las actividades sociales habituales del día y de la noche.
A la mañana siguiente, recibí una llamada de la compañía naviera que me pedía que bajara a su oficina y recogiera nuestros boletos para la travesía de abril. Tenía curiosidad por saber por qué se había elegido a Barbados para recibir la cancelación y por qué yo, al final de la larga lista de espera, había de tener la reserva, pero todo lo que la agente pudo decirme fue que aquella mañana se había recibido un cable desde Nueva York, ofreciendo pasaje para tres. No fui el primero al que la agente había llamado, pero por razones que no supo explicar, aquellos a quienes había llamado dijeron que ahora les resultaba inconveniente navegar en abril. Navegamos el 20 de abril y llegamos a Nueva York en la mañana del primero de mayo.
En la producción de mi obra, la travesía en un barco que me llevaría a Nueva York para el primero de mayo, representé los cuatro personajes más importantes de mi drama. Como productor, decidí navegar en un barco específico en un momento determinado. Al representar el papel del autor, escribí el guion, visualicé la acción interior que se ajustaba a la acción exterior que emprendería si mi deseo se realizara. Como director, me ensayé a mí mismo, el actor, en aquella acción imaginada de subir por la pasarela hasta que esa acción se sintió completamente natural.
Hecho esto, los acontecimientos y las personas se movieron con presteza para ajustarse, en el mundo exterior, a la obra que yo había construido y representado en mi imaginación.
“Vi fluir la visión mística y vivir en hombres y bosques y arroyos, hasta que ya no pude distinguir la corriente de la vida de mis propios sueños.” - George William Russell (AE)
Conté esta historia a un auditorio mío en San Francisco, y una dama del público me contó cómo ella había usado inconscientemente la misma técnica cuando era una jovencita.
El incidente ocurrió en la víspera de Navidad. Se sentía muy triste y cansada y compadecida de sí misma. Su padre, a quien adoraba, había muerto de repente. No solo sentía esta pérdida en la temporada navideña, sino que la necesidad la había forzado a renunciar a los años de universidad que había planeado y a ponerse a trabajar. Aquella lluviosa víspera de Navidad viajaba a casa en un tranvía de San Diego. El tranvía estaba lleno del alegre parloteo de jóvenes felices que volvían a casa para las fiestas. Para ocultar sus lágrimas de quienes la rodeaban, se puso de pie en la parte abierta al frente del tranvía y volvió su rostro hacia los cielos para mezclar sus lágrimas con la lluvia. Con los ojos cerrados, y sosteniendo firmemente el pasamanos del tranvía, esto fue lo que se dijo a sí misma: «Esto no es la sal de las lágrimas que saboreo, sino la sal del mar en el viento. Esto no es San Diego, esto es el Pacífico Sur y estoy navegando hacia la Bahía de Samoa». Y mirando hacia arriba, en su imaginación, construyó lo que imaginaba que era la Cruz del Sur. Se perdió en esta contemplación de modo que todo se desvaneció a su alrededor. De repente estaba al final del trayecto, y en casa.
Dos semanas más tarde, recibió noticia de un abogado en Chicago de que él tenía en su poder tres mil dólares en bonos estadounidenses para ella. Varios años antes, una tía suya había ido a Europa, con instrucciones de que estos bonos se entregaran a su sobrina si ella no regresaba a los Estados Unidos. El abogado acababa de recibir noticia de la muerte de la tía, y ahora cumplía sus instrucciones.
Un mes después, esta joven zarpó hacia las islas del Pacífico Sur. Era de noche cuando entró en la Bahía de Samoa. Al mirar hacia abajo, podía ver la blanca espuma como un «hueso en la boca de la dama» mientras el barco surcaba las olas, y traía la sal del mar en el viento. Un oficial de guardia le dijo: «Ahí está la Cruz del Sur», y mirando hacia arriba, vio la Cruz del Sur tal como la había imaginado.
En los años transcurridos, tuvo muchas oportunidades de usar su imaginación constructivamente, pero como lo había hecho inconscientemente, no advertía que había una Ley detrás de todo ello. Ahora que comprende, ella también representa conscientemente sus cuatro papeles principales en el drama diario de su vida, produciendo obras para el bien de los demás así como de sí misma.
“Entonces los soldados, cuando hubieron crucificado a Jesús, tomaron sus vestidos, e hicieron cuatro partes, para cada soldado una parte; y también su túnica; y la túnica era sin costura, tejida toda desde arriba.” - Juan 19:23
Capítulo 3: El Don de la Fe
“Y miró Jehová con agrado a Abel y a sus ofrendas; pero a Caín y a su ofrenda no miró con agrado.” - Génesis 4:4, 5
Si escudriñamos las Escrituras, tomaremos consciencia de un significado mucho más profundo en la cita anterior que el que una lectura literal nos daría. El Señor no es otro que tu propia consciencia: «…di a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros… Éxodo 3:14». «YO SOY» es la autodefinición del Señor.
Caín y Abel, como los nietos del Señor, no pueden ser sino personificaciones de dos funciones distintas de tu propia consciencia. Al autor le interesa en verdad mostrar los «Dos Estados Contrarios del Alma Humana», y ha usado a dos hermanos para mostrar estos estados. Los dos hermanos representan dos perspectivas distintas del mundo que todos poseen. Una es la percepción limitada de los sentidos, y la otra es una visión imaginativa del mundo. Caín, la primera visión, es una rendición pasiva a las apariencias y una aceptación de la vida sobre la base del mundo exterior: una visión que inevitablemente conduce al anhelo insatisfecho o a un conformismo con la desilusión. Abel, la segunda visión, es una visión del deseo cumplido, que eleva al hombre por encima del testimonio de los sentidos a ese estado de alivio donde ya no se consume de deseo. La ignorancia de la segunda visión es un alma en llamas. El conocimiento de la segunda visión es el ala mediante la cual vuela al Cielo del deseo cumplido.
“Venid, comed mi pan, y bebed del vino que yo he mezclado; dejad las simplezas, y vivid.” - Proverbios 9:5, 6
En la epístola a los Hebreos, el escritor nos dice que la ofrenda de Abel fue fe y, afirma el autor, «sin fe es imposible agradarle… Hebreos 11:6».
“Es, pues, la fe la sustancia de las cosas que se esperan, la demostración de las cosas que no se ven… Por la fe entendemos haber sido compuestos los mundos por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve no fue hecho de cosas que aparecen.” - Hebreos 11:1, 3
Caín ofrece el testimonio de los sentidos, que la consciencia, el Señor, rechaza, porque aceptar este don como molde del futuro significaría la fijación y perpetuación del estado presente para siempre. El enfermo seguiría enfermo, el pobre seguiría pobre, el ladrón seguiría siendo ladrón, el asesino un asesino, y así sucesivamente, sin esperanza de redención.
El Señor, o la consciencia, no tiene consideración por tal uso pasivo de la imaginación, que es el don de Caín. Se complace en el don de Abel, el ejercicio activo, voluntario y amoroso de la imaginación en favor del hombre, para sí mismo y para los demás.
“Diga el débil: Fuerte soy.” - Joel 3:10
Que el hombre haga caso omiso de las apariencias y se declare ser el hombre que quiere ser. Que imagine belleza donde sus sentidos revelan cenizas, gozo donde atestiguan luto, riquezas donde dan testimonio de pobreza. Solo mediante tal uso activo y voluntario de la imaginación puede el hombre ser elevado y el Edén restaurado.
El ideal siempre está esperando ser encarnado, pero a menos que nosotros mismos ofrezcamos el ideal al Señor, nuestra consciencia, asumiendo que ya somos aquello que buscamos encarnar, es incapaz de nacer. El Señor necesita su cordero diario de fe para moldear el mundo en armonía con nuestros sueños.
“Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín.” - Hebreos 11:4
La fe sacrifica el hecho aparente por la verdad no aparente. La fe se aferra a la verdad fundamental de que, por medio de una asunción, los estados invisibles se convierten en hechos visibles.
“¿Pues qué es la fe sino creer lo que no ves?” - San Agustín
Hace muy poco tuve la oportunidad de observar los maravillosos resultados de alguien que tuvo la fe de creer lo que no veía.
Una joven me pidió conocer a su hermana y a su sobrino de tres años. Era un muchachito sano y hermoso, de claros ojos azules y una piel excepcionalmente fina y sin mácula. Entonces, ella me contó su historia.
Al nacer, el niño era perfecto en todo salvo por una mancha de nacimiento grande y fea que cubría un lado de su rostro. Su médico les advirtió que nada podía hacerse por este tipo de marca. Las visitas a muchos especialistas solo confirmaron su declaración. Al oír el veredicto, la tía se propuso la tarea de probar su fe: que una asunción, aunque negada por el testimonio de los sentidos, si se persiste en ella, se endurecerá hasta volverse un hecho.
Cada vez que pensaba en el bebé, lo cual era a menudo, veía, en su imaginación, a un bebé de ocho meses con un rostro perfecto, sin rastro alguno de una marca. Esto no era fácil, pero ella sabía que en este caso ese era el don de Abel que agradaba a Dios. Persistió en su fe: creyó lo que no estaba allí para ser visto. El resultado fue que visitó a su hermana en el octavo mes de vida del niño y lo encontró con una piel perfecta y sin mácula, sin rastro de que jamás hubiera existido una mancha de nacimiento. «¡Suerte! ¡Casualidad!», grita Caín. No. Abel sabe que estos son nombres que dan, quienes no tienen fe, a las obras de la fe.
“Por fe andamos, no por vista.” - 2 Corintios 5:7
Cuando la razón y los hechos de la vida se oponen a la idea que deseas realizar, y aceptas el testimonio de tus sentidos y los dictados de la razón como la verdad, has traído al Señor, tu consciencia, el don de Caín. Es obvio que tales ofrendas no le agradan.
La vida en la tierra es un campo de entrenamiento para la creación de imágenes. Si usas solo los moldes que tus sentidos dictan, no habrá cambio en tu vida. Estás aquí para vivir la vida más abundante, así que debes usar los moldes invisibles de la imaginación y hacer de los resultados y los logros la prueba crucial de tu poder para crear. Solo en la medida en que asumes el sentimiento del deseo cumplido y permaneces en él, estás ofreciendo el don que agrada.
“Cuando el don de Abel sea mi vestidura, entonces realizaré mi deseo.”
El profeta Malaquías se queja de que el hombre ha robado a Dios:
“Pero vosotros decís: ¿En qué te hemos robado? En los diezmos y las ofrendas.” - Malaquías 3:8
Los hechos basados en la razón y en el testimonio de los sentidos, que se oponen a la idea que busca expresión, te roban la creencia en la realidad del estado invisible. Pero «la fe es la demostración de las cosas que no se ven», y por medio de ella «Dios llama las cosas que no son, como si fuesen… Romanos 4:17». Llama a lo que no se ve; asume el sentimiento de tu deseo cumplido.
“…para que haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que no haya lugar suficiente para recibirla.” - Malaquías 3:10
Esta es la historia de una pareja que vivía en Sacramento, California, que se negó a aceptar el testimonio de sus sentidos, que se negó a ser robada, a pesar de una aparente pérdida. La esposa le había regalado a su marido un reloj de pulsera muy valioso. El regalo duplicaba su valor por el sentimiento que él le atribuía. Tenían un pequeño ritual con el reloj. Cada noche, al quitarse el reloj, se lo daba a ella y ella lo guardaba en una caja especial en la cómoda. Cada mañana ella tomaba el reloj y se lo daba para que se lo pusiera.
Una mañana el reloj faltaba. Ambos recordaban haber representado sus papeles habituales la noche anterior, por lo tanto el reloj no estaba perdido ni traspapelado, sino robado. En ese mismo momento, resolvieron no aceptar el hecho de que realmente se había ido. Se dijeron el uno al otro: «Esta es una oportunidad para practicar lo que creemos». Decidieron que, en su imaginación, representarían su ritual acostumbrado como si el reloj estuviera realmente allí. En su imaginación, cada noche el marido se quitaba el reloj y se lo daba a su esposa, mientras que en su imaginación ella aceptaba el reloj y lo guardaba con cuidado. Cada mañana ella sacaba el reloj de su caja y se lo daba a su marido, y él, a su vez, se lo ponía. Esto lo hicieron fielmente durante dos semanas.
Después de su vigilia de catorce días, un hombre entró en la única joyería de Sacramento donde el reloj sería reconocido. Al ofrecer una gema para su tasación, el dueño de la tienda notó el reloj de pulsera que llevaba puesto. Con el pretexto de necesitar un examen más detenido de la piedra, entró en una oficina interior y llamó a la policía. Después de que la policía arrestó al hombre, encontraron en su apartamento joyas robadas por valor de más de diez mil dólares. Al andar «por fe, no por vista», esta pareja alcanzó su deseo, el reloj, y también ayudó a muchos otros a recuperar lo que parecía perdido para siempre.
“Si uno avanza con confianza en la dirección de su sueño, y se esfuerza por vivir la vida que ha imaginado, hallará un éxito inesperado en las horas comunes.” - Thoreau
Capítulo 4: La Escala del Ser
“Y soñó, y he aquí una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella. Y he aquí, Jehová estaba por encima de ella…” - Génesis 28:12, 13
En un sueño, en una visión de la noche, cuando el sueño profundo cayó sobre Jacob, su ojo interior se abrió y contempló el mundo como una serie de niveles ascendentes y descendentes de consciencia. Fue una revelación de la más profunda comprensión de los misterios del mundo. Jacob vio una escala vertical de valores ascendentes y descendentes, o estados de consciencia. Esto daba significado a todo en el mundo exterior, pues sin tal escala de valores no habría significado alguno para la vida.
En cada momento del tiempo, el hombre se yergue sobre la escala eterna del significado. No hay objeto ni acontecimiento que haya tenido lugar alguna vez o que esté teniendo lugar ahora que carezca de significado. El significado de un objeto o acontecimiento para el individuo es un índice directo del nivel de su consciencia.
Estás sosteniendo este libro, por ejemplo. En un nivel de consciencia, es un objeto en el espacio. En un nivel más alto, es una serie de letras sobre papel, dispuestas según ciertas reglas. En un nivel aún más alto, es una expresión de significado.
Al mirar hacia afuera, ves primero el libro, pero en realidad, el significado viene primero. Ocupa un grado más alto de significación que la disposición de las letras sobre el papel o el libro como objeto en el espacio. El significado determinó la disposición de las letras; la disposición de las letras solo expresa el significado. El significado es invisible y está por encima del nivel de la disposición visible de las letras. Si no hubiera habido significado alguno que expresar, ningún libro se habría escrito ni publicado.
“Y he aquí, Jehová estaba por encima de ella.”
El Señor y el significado son uno, el Creador, la causa de los fenómenos de la vida.
“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.” - Juan 1:1
En el principio, era la intención, el significado, y la intención era con el que intenta, y la intención era el que intenta. Los objetos y acontecimientos en el tiempo y el espacio ocupan un nivel de significación inferior al nivel de significado que los produjo. Todas las cosas fueron hechas por el significado, y sin el significado nada de lo que fue hecho, fue hecho. El hecho de que todo lo visto pueda considerarse como el efecto, en un nivel inferior de significación, de un orden superior e invisible de significación, es un hecho muy importante de captar.
Nuestro modo habitual de proceder es intentar explicar los niveles superiores de significación, el porqué de las cosas, en términos de los inferiores, el qué y el cómo de las cosas. Por ejemplo, tomemos un accidente real e intentemos explicarlo.
La mayoría de nosotros vivimos en el nivel de lo que sucedió: el accidente fue un evento en el espacio, un automóvil chocó contra otro y prácticamente lo destruyó. Algunos de nosotros vivimos en el nivel más alto del «cómo» sucedió el accidente: era una noche lluviosa, los caminos estaban resbaladizos y el segundo auto patinó contra el primero. En raras ocasiones, unos pocos alcanzamos el nivel más alto o causal del «porqué» ocurre semejante accidente. Entonces tomamos consciencia de lo invisible, el estado de consciencia que produjo el evento visible.
En este caso, el auto destrozado era conducido por una viuda que, aunque sentía que no podía permitírselo, deseaba enormemente cambiar su entorno. Habiendo oído que, mediante el uso apropiado de su imaginación, podía hacer y ser todo lo que deseaba ser, esta viuda había estado imaginándose viviendo de verdad en la ciudad de su deseo. Al mismo tiempo, vivía en una consciencia de pérdida, tanto personal como financiera. Por lo tanto, atrajo sobre sí un evento que en apariencia era otra pérdida, pero la suma de dinero que la compañía de seguros le pagó le permitió hacer el cambio deseado en su vida.
Cuando vemos el «porqué» detrás del aparente accidente, el estado de consciencia que produjo el accidente, somos llevados a la conclusión de que no hay accidente. Todo en la vida tiene su significado invisible.
El hombre que se entera de un accidente, el hombre que sabe «cómo» sucedió, y el hombre que sabe «por qué» sucedió están en tres niveles diferentes de consciencia respecto de ese accidente. En la escala ascendente, cada nivel más alto nos lleva un paso adelante hacia la verdad del accidente.
Deberíamos esforzarnos constantemente por elevarnos al nivel más alto del significado, el significado que siempre es invisible y está por encima del evento físico. Pero recuerda, el significado o causa de los fenómenos de la vida solo puede hallarse dentro de la consciencia del hombre.
El hombre está tan absorto en el lado visible del drama de la vida, el lado del «qué» ha sucedido y el «cómo» sucedió, que rara vez se eleva al lado invisible del «por qué» sucedió. Se niega a aceptar la advertencia del Profeta de que:
“Lo que se ve no fue hecho de cosas que aparecen.” - Hebreos 11:3
Sus descripciones del «qué» ha sucedido y del «cómo» sucedió son verdaderas en términos de su correspondiente nivel de pensamiento, pero cuando pregunta «por qué» sucedió, todas las explicaciones físicas se derrumban y se ve forzado a buscar el «porqué», o significado de ello, en el nivel invisible y superior. El análisis mecánico de los eventos solo se ocupa de las relaciones externas de las cosas. Tal proceder nunca alcanzará el nivel que guarda el secreto de por qué suceden los eventos. El hombre debe reconocer que los lados inferiores y visibles fluyen del nivel invisible y superior del significado.
Se necesita la intuición para elevarnos al nivel del significado, al nivel del porqué suceden las cosas. Sigamos el consejo del antiguo profeta hebreo y «alcemos nuestros ojos a los montes» dentro de nosotros mismos, y observemos lo que allí está teniendo lugar. Veamos qué ideas hemos aceptado como verdaderas, a qué estados hemos consentido, qué sueños, qué deseos, y, sobre todo, qué intenciones. Es de estos montes de donde vienen todas las cosas a revelar nuestra estatura, nuestra altura, en la escala vertical del significado. Si alzamos nuestros ojos hacia «el Tú en Mí que obra tras el Velo», veremos el significado de los fenómenos de la vida.
Los eventos aparecen en la pantalla del espacio para expresar los diferentes niveles de consciencia del hombre. Un cambio en el nivel de su consciencia resulta automáticamente en un cambio de los fenómenos de su vida. Intentar cambiar las condiciones antes de cambiar el nivel de consciencia de donde provienen, es luchar en vano. El hombre redime al mundo a medida que asciende por la escala vertical del significado.
Vimos, en la analogía del libro, que a medida que la consciencia se elevaba al nivel donde el hombre podía ver el significado expresado en la disposición de sus letras, también incluía el conocimiento de que las letras estaban dispuestas según ciertas reglas, y que tales disposiciones, cuando se imprimían sobre papel y se encuadernaban juntas, formaban un libro. Lo que es verdad del libro es verdad de todo evento en el mundo.
“No harán daño ni destruirán en todo mi santo monte; porque la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar.” - Isaías 11:9
Nada ha de ser descartado; todo ha de ser redimido. Nuestras vidas, ascendiendo por la escala vertical del significado hacia una consciencia siempre creciente, una consciencia de cosas de mayor significación, son el proceso mediante el cual esta redención se lleva a cabo. Así como el hombre dispone las letras en palabras, y las palabras en oraciones para expresar significado, de igual manera, la vida dispone circunstancias, condiciones y eventos para expresar los significados invisibles o las actitudes de los hombres. Nada carece de significado. Pero el hombre, al no conocer el nivel superior del significado interior, contempla un panorama móvil de eventos y no ve significado alguno en la vida. Siempre hay un nivel de significado que determina los eventos y su relación esencial con nuestras vidas.
He aquí una historia que nos permitirá aferrar el bien en cosas que parecen malas; retener el juicio, y obrar rectamente en medio de problemas no resueltos.
Hace apenas unos años, nuestro país fue conmocionado por una aparente injusticia en medio de nosotros. La historia fue contada en la radio y la televisión, así como en los periódicos. Quizá recuerdes el incidente. El cuerpo de un joven soldado estadounidense muerto en Corea fue devuelto a su hogar para su sepultura. Justo antes del servicio, a su esposa se le hizo una pregunta de rutina: ¿Era su marido caucásico? Cuando ella respondió que era indio, se rehusó la sepultura. Esta negativa estaba de acuerdo con las leyes de aquella comunidad, pero indignó a toda la nación. Nos sentimos indignados de que a cualquiera que hubiera muerto al servicio de su país se le negara la sepultura en cualquier parte de su país. La historia llegó a la atención del Presidente de los Estados Unidos, y él ofreció sepultura con todos los honores militares en el Cementerio Nacional de Arlington. Después del servicio, la esposa dijo a los periodistas que su marido siempre había soñado con morir como un héroe, y con tener un servicio fúnebre de héroe con todos los honores militares.
Cuando nosotros, en América, tuvimos que explicar por qué gente progresista e inteligente como nosotros no solo promulgaba sino que apoyaba tales leyes en nuestra gran tierra de los libres y los valientes, nos vimos en aprietos para dar una explicación. Nosotros, como observadores, solo habíamos visto «qué» sucedió y «cómo» sucedió. No logramos ver «por qué» sucedió.
Aquella sepultura tuvo que ser rechazada para que aquel muchacho realizara su sueño. Intentamos explicar el drama en términos del nivel inferior del «cómo» sucedió, explicación que no podía satisfacer a quien había preguntado «por qué» sucedió.
La verdadera respuesta, vista desde el nivel del significado superior, sería tal inversión de nuestros hábitos comunes de pensamiento que sería instantáneamente rechazada. La verdad es que los estados futuros son causantes de los hechos presentes: el joven indio que soñaba con una muerte de héroe, con todos los honores militares, era como Lady Macbeth transportada «más allá de este ignorante presente», y podía «sentir ahora el futuro en el instante».
”…y por ella, estando muerto, aún habla.”- Hebreos 11:4
Capítulo 5: El Juego de la Vida
“Más fácil me es enseñar a veinte lo que sería bueno hacer, que ser uno de los veinte en seguir mi propia enseñanza.” - Shakespeare
Quitada de mi mente esta confesión, ahora te enseñaré cómo jugar el juego de la vida. La vida es un juego y, como todos los juegos, tiene sus objetivos y sus reglas.
En los pequeños juegos que los hombres inventan, tales como el críquet, el tenis, el béisbol, el fútbol, y así sucesivamente, las reglas pueden cambiarse de tiempo en tiempo. Después de que los cambios se acuerdan, el hombre debe aprender las nuevas reglas y jugar el juego dentro del marco de las reglas aceptadas.
Sin embargo, en el juego de la vida, las reglas no pueden cambiarse ni quebrantarse. Solo dentro del marco de sus reglas universales y eternamente fijas puede jugarse el juego de la vida.
El juego de la vida se juega en el campo de juego de la mente. Al jugar un juego, lo primero que preguntamos es: «¿Cuál es su objetivo y propósito?», y lo segundo: «¿Cuáles son las reglas que gobiernan el juego?». En el juego de la vida, nuestro objetivo principal es hacia una consciencia creciente, una consciencia de cosas de mayor significación; y nuestro segundo objetivo es hacia el logro de nuestras metas, la realización de nuestros deseos.
En cuanto a nuestros deseos, las reglas solo llegan hasta indicar el camino por el que debemos ir para realizarlos, pero los deseos en sí mismos deben ser asunto propio del individuo. Las reglas que gobiernan el juego de la vida son simples, pero se requiere toda una vida de práctica para usarlas sabiamente. He aquí una de las reglas:
“Cual es su pensamiento en su corazón, tal es él.” - Proverbios 23:7
Por lo común se cree que el pensar es una función enteramente libre y sin trabas, sin regla alguna que la limite. Pero eso no es cierto. El pensar se mueve por sus propios procesos en un territorio delimitado, con senderos y patrones definidos.
“El pensar sigue las huellas trazadas en las propias conversaciones interiores.”
Todos podemos realizar nuestros objetivos mediante el uso sabio de la mente y del habla. La mayoría de nosotros ignoramos por completo la actividad mental que ocurre dentro de nosotros. Pero para jugar el juego de la vida con éxito, debemos tomar consciencia de cada una de nuestras actividades mentales, pues esta actividad, en forma de conversaciones interiores, es la causa de los fenómenos exteriores de nuestra vida.
“…de toda palabra ociosa que hable el hombre, de ella dará cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado.” - Mateo 12:36, 37
La ley de la Palabra no puede quebrantarse.
“…Hueso suyo no será quebrado.” - Juan 19:36
La ley de la Palabra jamás pasa por alto una palabra interior ni hace la más mínima concesión a nuestra ignorancia de su poder. Modela la vida en torno a nosotros así como nosotros, por nuestras conversaciones interiores, modelamos la vida dentro de nosotros mismos. Esto se hace para revelarnos nuestra posición en el campo de juego de la vida. No hay oponente en el juego de la vida; solo hay la meta.
No hace mucho, estaba conversando sobre esto con un hombre de negocios exitoso y filantrópico. Me contó una historia reveladora sobre sí mismo.
Dijo: «Sabes, Neville, aprendí por primera vez sobre las metas en la vida cuando tenía catorce años, y fue en el campo de juego de la escuela. Era bueno en el atletismo y tuve un buen día, pero quedaba una carrera más por correr y tenía una dura competencia en otro muchacho. Estaba decidido a vencerlo. Lo vencí, es cierto, pero, mientras mantenía mi ojo puesto en él, un tercer muchacho, que no se consideraba competencia en absoluto, ganó la carrera.»
«Aquella experiencia me enseñó una lección que he usado a lo largo de mi vida. Cuando la gente me pregunta acerca de mi éxito, debo decir que creo que es porque nunca he hecho de “ganar dinero” mi meta: “Mi meta es el uso sabio y productivo del dinero”.»
Las conversaciones interiores de este hombre se basan en la premisa de que ya tiene dinero, siendo su constante pregunta interior: el uso apropiado de él. Las conversaciones interiores del hombre que lucha por «conseguir» dinero solo prueban su carencia de dinero. En su ignorancia del poder de la palabra, está levantando barreras en el camino del logro de su meta; tiene su ojo puesto en la competencia más que en la meta misma.
“La culpa, querido Bruto, no está en nuestras estrellas, sino en nosotros mismos, que somos subalternos.” - Julio César, Acto I, Escena II
Así como «los mundos fueron formados por la Palabra de Dios», así nosotros, como «imitadores de Dios como hijos amados», creamos las condiciones y circunstancias de nuestras vidas mediante nuestras todopoderosas palabras interiores humanas. Sin práctica, el conocimiento más profundo del juego no produciría los resultados deseados. «Al que sabe hacer lo bueno», es decir, conoce las reglas, «y no lo hace, le es pecado». En otras palabras, errará su blanco y no logrará realizar su meta.
En la parábola de los Talentos, la condena del Maestro al siervo que descuidó usar su don es clara e inequívoca, y habiendo descubierto una de las reglas del juego de la vida, arriesgamos el fracaso al ignorarla. El talento no usado, como el miembro no ejercitado, se adormece y finalmente se atrofia. Debemos ser «hacedores de la Palabra, y no solamente oidores». Puesto que el pensar sigue las huellas trazadas en las propias conversaciones interiores, no solo podemos ver hacia dónde vamos en el campo de juego de la vida observando nuestras conversaciones interiores, sino que también podemos determinar hacia dónde iremos controlando y dirigiendo nuestro hablar interior.
¿Qué pensarías y dirías y harías si ya fueras aquel que quieres ser? Comienza a pensar y decir y hacer esto interiormente. Se te dice que «hay un Dios en los cielos que revela los secretos», y siempre debes recordar que el cielo está dentro de ti; y para dejar cristalinamente claro quién es Dios, dónde está, y cuáles son sus secretos, Daniel continúa: «Tu sueño, y las visiones de tu cabeza son estas». Estas revelan las huellas a las que estás atado, y señalan la dirección en la que vas.
Esto es lo que una mujer hizo para volver las huellas a las que había estado infelizmente atada hacia la dirección en la que quería ir. Durante dos años, se había mantenido distanciada de las tres personas que más amaba. Había tenido una disputa con su nuera, quien la echó de su casa. Durante esos dos años, no había visto ni sabido de su hijo, su nuera o su nieto, aunque en ese tiempo le había enviado a su nieto numerosos regalos. Cada vez que pensaba en su familia, lo cual era a diario, sostenía una conversación mental con su nuera, culpándola por la disputa y acusándola de ser egoísta.
Al escuchar una conferencia mía una noche, era esta misma conferencia sobre el juego de la vida y cómo jugarlo, de repente comprendió que ella era la causa del prolongado silencio y que ella, y solo ella, debía hacer algo al respecto. Reconociendo que su meta era tener la anterior relación amorosa, se propuso la tarea de cambiar por completo su hablar interior.
Esa misma noche, en su imaginación, construyó dos cartas amorosas y tiernas escritas para ella, una de su nuera y la otra de su nieto. En su imaginación, las leyó una y otra vez hasta que se quedó dormida en el gozoso estado de ánimo de haber recibido las cartas. Repitió este acto imaginario cada noche durante ocho noches. En la mañana del noveno día, recibió un sobre que contenía dos cartas, una de su nuera, una de su nieto. Eran cartas amorosas y tiernas que la invitaban a visitarlos, casi réplicas de aquellas que había construido mentalmente. Al usar su imaginación consciente y amorosamente, había vuelto las huellas a las que estaba atada, hacia la dirección en la que quería ir, hacia una feliz reunión familiar.
Un cambio de actitud es un cambio de posición en el campo de juego de la vida. El juego de la vida no se está jugando allá afuera en lo que se llama espacio y tiempo; las verdaderas jugadas en el juego de la vida tienen lugar dentro, en el campo de juego de la mente.
“Perder tu alma, tu alma de nuevo hallar; rindiendo hacia esa meta tu mente separada.” - Laurence Housman
Capítulo 6: “Tiempo, Tiempos y Medio”
“Y dijo uno al varón vestido de lino, que estaba sobre las aguas del río: ¿Cuándo será el fin de estas maravillas? Y oí al varón vestido de lino, que estaba sobre las aguas del río, el cual alzó su mano derecha y su mano izquierda al cielo, y juró por aquel que vive para siempre, que será por un tiempo, tiempos, y medio.” - Daniel 12:6, 7
En una de mis conferencias dadas en Los Ángeles sobre el tema del significado oculto tras los relatos de la Biblia, alguien me pidió que interpretara la cita anterior del Libro de Daniel. Después de que confesé que no conocía el significado de aquel pasaje en particular, una dama del público se dijo a sí misma: «Si la mente se comporta de acuerdo con la asunción con la que comienza, entonces hallaré la verdadera respuesta a esa pregunta y se la diré a Neville». Y esto es lo que ella me contó.
«Anoche se hizo la pregunta: “¿Cuál es el significado de ‘tiempo, tiempos y medio’ tal como se registra en Daniel 12:7?”. Antes de dormirme anoche me dije a mí misma: “Hay una respuesta sencilla a esta pregunta, así que asumiré que la conozco y, mientras duermo, mi yo mayor hallará la respuesta y la revelará a mi yo menor en un sueño o una visión”.»
«Cerca de las cinco de la madrugada desperté. Era demasiado temprano para levantarme, así que, permaneciendo en la cama, caí rápidamente en aquel estado medio soñoliento entre la vigilia y el sueño, y estando en ese estado vino a mi mente la imagen de una anciana. Estaba sentada en una mecedora y se mecía hacia adelante y hacia atrás, hacia adelante y hacia atrás. Entonces una voz que sonaba como tu voz me dijo: “Hazlo una y otra y otra vez hasta que adquiera los tonos de la realidad”.»
«Salté de la cama y releí el capítulo doce de Daniel, y esta es la respuesta intuitiva que recibí. Tomando los versículos sexto y séptimo, pues ellos constituían la pregunta de anoche, sentí que si las vestiduras con las que se visten los personajes bíblicos corresponden a su nivel de consciencia, como tú enseñas, entonces el lino debe representar en verdad un nivel muy alto de consciencia, pues el “varón vestido de lino” estaba de pie “sobre las aguas del río” y si, como tú enseñas, el agua simboliza un alto nivel de verdad psicológica, entonces el individuo que podía caminar sobre ella debe representar verdaderamente un estado exaltado de consciencia. Por lo tanto sentí que lo que él tenía que decir debía ser en verdad muy significativo. Ahora bien, la pregunta que se le hizo fue: “¿Cuándo será el fin de estas maravillas?”. Y su respuesta fue: “Un tiempo, tiempos y medio”. Recordando mi visión de la anciana que se mecía hacia adelante y hacia atrás, y tu voz que me decía que “lo hiciera una y otra y otra vez hasta que adquiera los tonos de la realidad”, y recordando que esta visión y tu instrucción vinieron a mí en respuesta a mi asunción de que conocía la respuesta, sentí intuitivamente que la pregunta hecha al “varón vestido de lino” significaba cuánto tiempo habrá de pasar hasta que los maravillosos sueños que estoy soñando se vuelvan una realidad. Y su respuesta es: “Hazlo una y otra y otra vez hasta que adquiera los tonos de la realidad”. “Un tiempo” significa ejecutar la acción imaginaria que implica el cumplimiento del deseo; “tiempos” significa repetir la acción imaginaria una y otra vez, y “medio” significa el momento de quedarse dormido mientras se ejecuta la acción imaginaria, pues tal momento suele llegar antes de que la acción predeterminada se complete y, por lo tanto, puede decirse que es un medio, o parte, de un tiempo.»
Obtener tal comprensión interior de las Escrituras mediante la simple asunción de que sí conocía la respuesta, fue una experiencia maravillosa para esta mujer. Sin embargo, para conocer el verdadero significado de «tiempo, tiempos y medio» debe aplicar su comprensión en su vida diaria. Nunca nos falta una oportunidad para poner a prueba esta comprensión, ya sea para nosotros mismos o para otro.
Hace varios años, una viuda que vivía en el mismo edificio de apartamentos que nosotros vino a verme por su gato. El gato era su compañero constante y querido para su corazón. Sin embargo, tenía ocho años, estaba muy enfermo y con gran dolor. No había comido durante días y no se movía de debajo de su cama. Dos veterinarios habían visto al gato y aconsejaron a la mujer que el gato no podía curarse, y que debía ser sacrificado de inmediato. Le sugerí que esa noche, antes de acostarse, creara en su imaginación alguna acción que indicara que el gato era su antiguo yo saludable. Le aconsejé que lo hiciera una y otra vez hasta que adquiriera los tonos de la realidad.
Esto prometió hacer. Sin embargo, ya fuera por falta de fe en mi consejo o por falta de fe en su propia capacidad de llevar a cabo la acción imaginaria, le pidió a su sobrina que pasara la noche con ella. Esta petición se hizo para que, si el gato no estaba bien por la mañana, la sobrina pudiera llevarlo al veterinario y ella, la dueña, no tuviera que enfrentar por sí misma tan temida tarea. Esa noche, se acomodó en un sillón y comenzó a imaginar que el gato retozaba a su lado, arañando los muebles y haciendo muchas cosas que normalmente no habría permitido. Cada vez que hallaba que su mente se había apartado de su tarea predeterminada de ver un gato normal, saludable y juguetón, traía su atención de vuelta a la habitación y comenzaba de nuevo su acción imaginaria. Esto lo hizo una y otra vez hasta que, finalmente, en un sentimiento de alivio, se quedó dormida, todavía sentada en su silla.
A eso de las cuatro de la mañana, la despertó el maullido de su gato. Estaba de pie junto a su silla. Después de atraer su atención, la condujo a la cocina donde pidió comida. Ella le preparó un poco de leche tibia que él bebió rápidamente, y maulló pidiendo más.
Aquel gato vivió cómodamente cinco años más, hasta que, sin dolor ni enfermedad, murió naturalmente mientras dormía.
“¿Cuándo será el fin de estas maravillas?… Un tiempo, tiempos y medio. Por sueño, en visión nocturna, cuando el sueño profundo cae sobre los hombres, en el adormecimiento sobre el lecho; entonces abre el oído de los hombres, y sella sus instrucciones.” - Job 33:15, 16
Capítulo 7: Sed Prudentes como Serpientes
“…sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas.” - Mateo 10:16
La capacidad de la serpiente de formar su piel osificando una porción de sí misma, y su destreza para mudar cada piel a medida que la excedía, hizo que el hombre considerara a este reptil como un símbolo del poder del crecimiento sin fin y de la autorreproducción. Se le dice al hombre, por lo tanto, que sea «prudente como la serpiente» y aprenda a mudar su piel, su entorno, que es su yo solidificado; el hombre debe aprender a «desatarlo, y dejarlo ir»… a «despojarse del viejo hombre»… a morir a lo viejo y, sin embargo, saber, como la serpiente, que «de cierto no morirá».
El hombre aún no ha aprendido que todo lo que está fuera de su cuerpo físico es también una parte de sí mismo, que su mundo y todas las condiciones de su vida no son sino la proyección exterior de su estado de consciencia. Cuando conozca esta verdad, cesará la fútil lucha de la contienda consigo mismo y, como la serpiente, dejará ir lo viejo y hará crecer un nuevo entorno.
El hombre es inmortal; por lo tanto debe morir sin fin. Pues la vida es una idea creadora; solo puede encontrarse a sí misma en formas cambiantes.” - Tagore
En tiempos antiguos, las serpientes también se asociaban con la custodia del tesoro o la riqueza. El mandato de ser «prudente como las serpientes» es el consejo al hombre de despertar el poder de su cuerpo sutilizado, su imaginación, para que él, como la serpiente, pueda crecer y sobrecrecer, morir y sin embargo no morir, pues solo de tales muertes y resurrecciones, mudando lo viejo y revistiéndose de lo nuevo, vendrá el cumplimiento de sus sueños y el hallazgo de sus tesoros. Así como «la serpiente era más astuta que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho», Génesis 3:1, así también, la imaginación es más sutil que cualquier criatura de los cielos que Jehová Dios había creado. La imaginación es la criatura que:
“…fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza… Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo? Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos.” - Romanos 8:20, 24, 25
Aunque el hombre exterior, o «natural», de los sentidos está entrelazado con su entorno, el hombre interior, o espiritual, de la imaginación no está así entrelazado. Si el entrelazamiento fuera completo, el mandato de ser «prudentes como serpientes» sería en vano. Si estuviéramos completamente entrelazados con nuestro entorno, no podríamos retirar nuestra atención del testimonio de los sentidos y sentirnos dentro de la situación de nuestro deseo cumplido, con la esperanza de que ese estado no visto se solidificara como nuestro nuevo entorno. Pero:
“Hay un cuerpo natural, y hay un cuerpo espiritual.” - 1 Corintios 15:44
El cuerpo espiritual de la imaginación no está entrelazado con el entorno del hombre. El cuerpo espiritual puede retirarse del hombre exterior de los sentidos y del entorno e imaginarse ser lo que quiere ser. Y si permanece fiel a la visión, la imaginación edificará para el hombre un nuevo entorno en el cual vivir. Esto es lo que significa la declaración:
“…Voy a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os recibiré a mí mismo; para que donde yo estoy, vosotros también estéis.” - Juan 14:2, 3
El lugar que se prepara para ti no ha de ser necesariamente un lugar en el espacio. Puede ser salud, riqueza, compañía, cualquier cosa que desees en este mundo. Ahora bien, ¿cómo se prepara el lugar?
Primero debes construir una representación tan vívida como sea posible de lo que verías y oirías y harías si estuvieras físicamente presente y te movieras físicamente en ese «lugar». Luego, con tu cuerpo físico inmovilizado, debes imaginar que estás de verdad en ese «lugar» y que ves y oyes y haces todo lo que verías y oirías y harías si estuvieras allí físicamente. Esto debes hacerlo una y otra vez hasta que adquiera los tonos de la realidad. Cuando se sienta natural, el «lugar» ha sido preparado como el nuevo entorno para tu yo exterior o físico. Ahora puedes abrir tus ojos físicos y regresar a tu estado anterior. El «lugar» está preparado, y donde has estado en la imaginación, allí estarás también en el cuerpo.
Cómo este estado imaginado se realiza físicamente no es asunto tuyo, el hombre natural o exterior. El cuerpo espiritual, en su regreso del estado imaginado a su estado físico anterior, creó un puente invisible de incidentes para enlazar los dos estados. Aunque el curioso sentimiento de que estabas de verdad allí y de que el estado era real desaparece, tan pronto como abres los ojos sobre el viejo y familiar entorno, no obstante, te persigue el sentido de una doble identidad, el conocimiento de que «hay un cuerpo natural, y hay un cuerpo espiritual». Cuando tú, el hombre natural, hayas tenido esta experiencia, cruzarás automáticamente el puente de acontecimientos que conduce a la realización física de tu lugar invisiblemente preparado.
Este concepto, que el hombre es dual y que el hombre interior de la imaginación puede morar en estados futuros y regresar al momento presente con un puente de acontecimientos para enlazar ambos, choca violentamente con la visión ampliamente aceptada acerca de la personalidad humana y de la causa y naturaleza de los fenómenos. Tal concepto exige una revolución en las ideas actuales acerca de la personalidad humana, y acerca del espacio, el tiempo y la materia. El concepto de que el hombre, consciente o inconscientemente, determina las condiciones de la vida imaginándose dentro de estos estados mentales, conduce a la conclusión de que este mundo supuestamente sólido es una construcción de la Mente, un concepto que, al principio, el sentido común rechaza. Sin embargo, deberíamos recordar que la mayoría de los conceptos que el sentido común rechazó al principio, el hombre se vio después forzado a aceptar. Estas incesantes inversiones de juicio que la experiencia ha impuesto al hombre llevaron al profesor Whitehead a escribir: «Sabe el cielo qué aparente sinsentido puede no ser mañana verdad demostrada».
El poder creador en el hombre duerme y necesita ser despertado.
“Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos.” - Efesios 5:14
Despierta del sueño que te dice que el mundo exterior es la causa de las condiciones de tu vida. Levántate del pasado muerto y crea un nuevo entorno.
“¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” - 1 Corintios 3:16
El Espíritu de Dios en ti es tu imaginación, pero duerme y necesita ser despertada, a fin de levantarte del banco de arena de los sentidos donde por tanto tiempo has yacido encallado.
Las ilimitadas posibilidades que se te abren al volverte «prudente como las serpientes» están más allá de toda medida. Seleccionarás las condiciones ideales que quieres experimentar y el entorno ideal en el que quieres vivir. Al experimentar estos estados en la imaginación hasta que tengan viveza sensorial, los exteriorizarás tan ciertamente como la serpiente ahora exterioriza su piel. Después de que los hayas excedido, entonces, los desecharás con tanta facilidad como «la serpiente arroja su esmaltada piel». La vida más abundante, todo el propósito de la Creación, no puede obtenerse sino por medio de la muerte y la resurrección.
Dios deseó forma, por eso se hizo hombre; y no basta con que reconozcamos su espíritu obrando en la creación, debemos ver su obra en forma y decir que es buena, aunque excedamos la forma, por los siglos de los siglos.
“Él conduce a través de cámaras de deleite que se ensanchan hacia donde palpita el arrobamiento cerca de un fin que siempre retrocede, porque su toque es Infinito y presta un más allá a todos los fines.”
“Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos los hombres atraeré a mí mismo.” - Juan 12:32
Si soy levantado del testimonio de los sentidos al estado de consciencia que deseo realizar y permanezco en ese estado hasta que se sienta natural, formaré ese estado en torno a mí y todos los hombres lo verán. Pero cómo persuadir al hombre de que esto es verdad, que la vida imaginativa es el único vivir, que asumir el sentimiento del deseo cumplido es el camino a la vida más abundante y no la compensación del que huye de la realidad, ese es el problema. Para ver, como «a través de cámaras de deleite que se ensanchan», lo que significa vivir en los reinos de la imaginación, para apreciar y disfrutar el mundo, uno debe vivir imaginativamente; uno debe soñar y ocupar su sueño, luego crecer y exceder el sueño, por los siglos de los siglos. El hombre sin imaginación, que no quiere perder su vida en un nivel para poder hallarla en un nivel más alto, no es sino una mujer de Lot, una columna de sal satisfecha de sí misma. Por otra parte, quienes rechazan la forma como algo no espiritual y quienes rechazan la encarnación como separada de Dios ignoran el gran misterio: «Grande es el misterio: Dios fue manifestado en la carne».
Tu vida expresa una cosa, y solo una cosa, tu estado de consciencia. Todo depende de eso. A medida que tú, por medio de la imaginación, asumes un estado de consciencia, ese estado comienza a revestirse de forma, se solidifica en torno a ti como la piel de la serpiente se osifica en torno a ella. Pero debes ser fiel al estado. No debes ir de estado en estado, sino, más bien, esperar pacientemente en el único estado invisible hasta que tome forma y se convierta en un hecho objetivo. La paciencia es necesaria, pero la paciencia será fácil después de tu primer éxito en mudar lo viejo y hacer crecer lo nuevo, pues somos capaces de esperar en la medida en que hemos sido recompensados por la comprensión en el pasado. La comprensión es el secreto de la paciencia. ¡Qué gozo natural y qué deleite espontáneo hay en ver el mundo, no con, sino, como dice Blake, a través del ojo! Imagina que estás viendo lo que quieres ver, y permanece fiel a tu visión. Tu imaginación se hará a sí misma una forma correspondiente en la cual vivir.
Todas las cosas son hechas por el poder de la imaginación. Nada comienza sino en la imaginación del hombre. «De adentro hacia afuera» es la ley del universo. «Como es adentro, así es afuera». El hombre se vuelve hacia afuera en su búsqueda de la verdad, pero lo esencial es mirar adentro.
“La verdad está dentro de nosotros mismos; no brota de las cosas exteriores, cualquiera sea lo que creas. Hay un centro más íntimo en todos nosotros, donde la verdad mora en plenitud… y conocer consiste, más bien, en abrir una vía por donde el esplendor aprisionado pueda escapar, que en efectuar la entrada de una luz que se supone está afuera.” - Browning, «Paracelso»
Creo que te interesará un caso de cómo una joven mudó la piel del resentimiento y se revistió de una piel muy diferente. Los padres de esta mujer se habían separado cuando ella tenía seis años y ella había vivido con su madre. Rara vez veía a su padre. Pero una vez al año él le enviaba un cheque de cinco dólares para Navidad. Después de su casamiento, él sí aumentó el regalo de Navidad a diez dólares.
Después de una de mis conferencias, ella reflexionaba sobre mi afirmación de que la sospecha del hombre hacia otro es solo una medida de su propio engaño, y reconoció que había estado albergando un resentimiento hacia su padre durante años. Esa noche resolvió soltar su resentimiento y poner en su lugar una reacción afectuosa. En su imaginación, sintió que abrazaba a su padre de la manera más cálida. Lo hizo una y otra vez hasta que captó el espíritu de su acto imaginario, y luego se quedó dormida en un ánimo muy contento.
Al día siguiente pasó casualmente por el departamento de pieles de una de nuestras grandes tiendas en California. Durante algún tiempo había estado jugando con la idea de tener una nueva estola de piel, pero sentía que no podía permitírsela. Esta vez su ojo fue captado por una estola de marta, y la tomó y se la probó. Después de sentirla y verse con ella, de mala gana se quitó la estola y se la devolvió al vendedor, diciéndose a sí misma que en verdad no podía permitírsela. Al salir del departamento, se detuvo y pensó: «Neville nos dice que podemos tener lo que sea que deseemos con tan solo capturar el sentimiento de ya tenerlo». En su imaginación, se puso de nuevo la estola, sintió su realidad, y siguió con sus compras, disfrutando todo el tiempo del uso imaginado de ella.
Esta joven nunca asoció estos dos actos imaginarios. De hecho, casi había olvidado lo que había hecho hasta que, unas semanas después, el Día de la Madre, sonó inesperadamente el timbre de la puerta. Allí estaba su padre. Al abrazarlo, recordó su primera acción imaginaria. Al abrir el paquete que él le había traído, el primer regalo en todos estos años, recordó su segunda acción imaginaria, pues la caja contenía una hermosa estola de marta.
“Vosotros sois dioses, y todos vosotros hijos del Altísimo.” - Salmos 82:6
“…sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas.” - Mateo 10:16
Capítulo 8: El Agua y la Sangre
“…El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.” - Juan 3:3
“Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua.” - Juan 19:34
Este es el que vino mediante agua y sangre, Jesucristo; no mediante agua solamente, sino mediante agua y sangre.” - 1 Juan 5:6
Según el evangelio y la Epístola de Juan, el hombre no solo debe «nacer de nuevo», sino que debe nacer de nuevo de agua y sangre. Estas dos experiencias interiores están vinculadas con dos ritos exteriores: el bautismo y la comunión. Pero los dos ritos exteriores, el bautismo para simbolizar el nacimiento por agua, y el vino de la comunión para simbolizar la aceptación de la sangre del Salvador, no pueden producir el verdadero nacimiento o la transformación radical del individuo, que le es prometida al hombre. El uso exterior del agua y el vino no puede producir el cambio de mente deseado. Debemos, por lo tanto, buscar el significado oculto tras los símbolos del agua y la sangre.
La Biblia usa muchas imágenes para simbolizar la Verdad, pero las imágenes usadas simbolizan la Verdad en diferentes niveles de significado. En el nivel más bajo, la imagen usada es la piedra. Por ejemplo:
“…una gran piedra estaba sobre la boca del pozo. Y se juntaban allí todos los rebaños; y revolvían la piedra de la boca del pozo, y abrevaban las ovejas…” - Génesis 29:2, 3
“…Descendieron a lo profundo como una piedra.” - Éxodo 15:5
Cuando una piedra bloquea el pozo, significa que las personas han tomado literalmente estas grandes revelaciones simbólicas de la verdad. Cuando alguien remueve la piedra, significa que un individuo ha descubierto bajo la alegoría o parábola su germen vital psicológico, o significado. Este significado oculto que yace tras las palabras literales está simbolizado por el agua. Es esta agua, en forma de Verdad psicológica, la que entonces ofrece a la humanidad.
“El rebaño de mi pasto, hombres son.” - Ezequiel 34:31
El hombre de mentalidad literal que rehúsa la «copa de agua», la Verdad psicológica, que se le ofrece, «desciende a lo profundo como una piedra». Permanece en el nivel donde ve todo en pura objetividad, sin ninguna relación subjetiva; puede guardar literalmente todos los mandamientos, escritos sobre piedra, y sin embargo quebrantarlos psicológicamente todo el día.
Puede, por ejemplo, no robar literalmente la propiedad de otro, y sin embargo ver al otro en la carencia. Ver a otro en la carencia es robarle su derecho de nacimiento como hijo de Dios. Pues todos somos «hijos del Altísimo».
“Y si hijos, también herederos; herederos de Dios, y coherederos con Cristo…” - Romanos 8:17
Saber qué hacer ante una aparente desgracia es tener la «copa de agua», la Verdad psicológica, que podría salvar la situación. Pero tal conocimiento no es suficiente. El hombre no solo debe «llenar de agua las tinajas de piedra», es decir, descubrir la verdad psicológica, sino convertirla en vino. Esto lo hace viviendo una vida de acuerdo con la verdad que ha descubierto. Solo mediante tal uso de la verdad puede “gustar el agua hecha vino” - Juan 2:9
El derecho de nacimiento de un hombre es ser Jesús. Nace para “salvar a su pueblo de sus pecados” - Mateo 1:21
Pero la salvación de un hombre no es «mediante agua solamente, sino mediante agua y sangre». Saber qué hacer para salvarte a ti mismo o a otro no es suficiente; debes hacerlo. El conocimiento de qué hacer es agua; hacerlo es sangre. «Este es el que vino no mediante agua solamente, sino mediante agua y sangre.» La totalidad de este misterio está en el uso consciente y activo de la imaginación para apropiarse de ese estado particular de consciencia que te salvaría a ti o a otro de la limitación presente. Las ceremonias exteriores no pueden lograr esto.
“…os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidle. Y dondequiera que entrare, decid al padre de familia de la casa: El Maestro dice: ¿Dónde está el aposento donde he de comer la pascua con mis discípulos? Y él os mostrará un gran aposento alto amueblado y dispuesto; preparad allí para nosotros.” - Lucas 22:10-12
Cualquier cosa que desees ya está «amueblada y dispuesta». Tu imaginación puede ponerte en contacto interiormente con ese estado de consciencia. Si imaginas que ya eres aquel que quieres ser, estás siguiendo al «hombre que lleva un cántaro de agua». Si permaneces en ese estado, has entrado en el aposento, la Pascua, y has encomendado tu espíritu en las manos de Dios, tu consciencia.
El estado de consciencia de un hombre es su demanda sobre el Infinito Almacén de Dios, y, como la ley del comercio, una demanda crea una oferta. Para cambiar la oferta, cambias la demanda, tu estado de consciencia. Lo que deseas ser, eso debes sentir que ya eres. Tu estado de consciencia crea las condiciones de tu vida, en lugar de que las condiciones creen tu estado de consciencia. Conocer esta Verdad es tener el «agua de vida». Pero tu salvador, la solución de tu problema, no puede manifestarse solo por tal conocimiento. Solo puede realizarse en la medida en que tal conocimiento se aplica. Solo en la medida en que asumes el sentimiento de tu deseo cumplido, y permaneces en él, es traspasado tu costado; de donde vienen sangre y agua. Solo de esta manera se realiza Jesús, la solución de tu problema.
“pues debes saber que en el gobierno de la mente eres tu propio señor y amo, que no se levantará fuego alguno en el círculo o en toda la circunferencia de tu cuerpo y espíritu, a menos que tú mismo lo despiertes.”
Dios es tu consciencia. Sus promesas son condicionales. A menos que la demanda, tu estado de consciencia, cambie, la oferta, las condiciones presentes de tu vida, permanecen como están. «Como perdonamos», al cambiar nuestra mente, la ley es automática. Tu estado de consciencia es el resorte de la acción, la fuerza directriz, y lo que crea la oferta.
“si aquella nación contra la cual he hablado se convirtiere de su maldad, yo me arrepentiré del mal que había pensado hacerle. Y en el instante en que hablare acerca de una nación, y acerca de un reino, para edificarlo y para plantarlo; si hiciere lo malo delante de mis ojos, no obedeciendo mi voz, entonces me arrepentiré del bien con que dije que lo beneficiaría.” - Jeremías 18:8, 9, 10
Esta declaración de Jeremías sugiere que hay un compromiso implicado si el individuo o la nación han de realizar la meta, un compromiso con ciertas actitudes fijas de la mente. El sentimiento del deseo cumplido es una condición necesaria en la búsqueda del hombre por la meta.
La historia que estoy por contarte muestra que el hombre es lo que el observador tiene la capacidad de ver en él; que aquello que se ve que él es constituye un índice directo del estado de consciencia del observador. Esta historia es, también, un desafío para todos nosotros a «derramar nuestra sangre», a usar nuestra imaginación amorosamente en favor de otro. No hay día que pase que no nos ofrezca la oportunidad de transformar una vida mediante el derramamiento de nuestra sangre.
“Sin derramamiento de sangre no hay remisión.” - Hebreos 9:22
Una noche en la ciudad de Nueva York pude develar el misterio del «agua y la sangre» a una maestra de escuela. Había citado la declaración anterior de Hebreos 9:22, y proseguí explicando que la comprensión de que no tenemos esperanza sino en nosotros mismos es el descubrimiento de que Dios está dentro de nosotros, que este descubrimiento hace que las oscuras cavernas del cráneo se vuelvan luminosas, y sabemos que: «Lámpara de Jehová es el espíritu del hombre», Proverbios 20:27, y que esta comprensión es la luz para guiarnos con seguridad sobre la tierra.
“Su lámpara resplandecía sobre mi cabeza, y a su luz caminaba yo por la oscuridad.” - Job 29:3
Sin embargo, no debemos considerar esta luz radiante de la cabeza como Dios, pues el hombre es la imagen de Dios.
“Dios aparece, y Dios es luz, para aquellas pobres almas que moran en la Noche; pero despliega una Forma Humana para quienes moran en los reinos del Día.” - Blake
Pero esto debe experimentarse para ser conocido. No hay otro camino, y la experiencia de ningún otro hombre puede ser un sustituto de la nuestra.
Le dije a la maestra que su cambio de actitud respecto de otro produciría un cambio correspondiente en el otro; que tal conocimiento era el verdadero significado del agua mencionada en 1 Juan 5:6, pero que tal conocimiento por sí solo no bastaba para producir el nuevo nacimiento deseado; que tal nuevo nacimiento solo podría acontecer por «agua y sangre», o la aplicación de esta verdad. El conocimiento de qué hacer es el agua de vida, pero hacerlo es la sangre del salvador. En otras palabras, un poco de conocimiento, si se lleva a la acción, es más provechoso que mucho conocimiento que descuidamos llevar a la acción.
Mientras yo hablaba, una alumna seguía imponiéndose en la mente de la maestra. Pero este, pensó ella, sería un caso demasiado difícil sobre el cual poner a prueba la verdad de lo que yo le estaba diciendo acerca del misterio del nuevo nacimiento. Todos sabían, maestros y alumnos por igual, que esta alumna en particular era incorregible.
Los hechos exteriores de su caso eran estos: Los maestros, incluyendo al director y al psiquiatra de la escuela, se habían sentado en juicio sobre la alumna apenas unos días antes. Habían llegado a una decisión unánime de que la muchacha, por el bien de la escuela, debía ser expulsada al cumplir dieciséis años. Era grosera, tosca, sin ética y usaba el lenguaje más vil. La fecha para la expulsión estaba a solo un mes de distancia.
Mientras viajaba a casa esa noche, la maestra se preguntaba una y otra vez si podía de verdad cambiar su mente acerca de la muchacha y, de ser así, ¿experimentaría la alumna un cambio de conducta porque ella misma había experimentado un cambio de actitud? La única manera de averiguarlo sería intentarlo. Esta sería toda una empresa, pues significaba asumir plena responsabilidad por la encarnación de los nuevos valores en la alumna. ¿Se atrevía a asumir un poder tan grande, un poder tan creador y semejante al de Dios? Esto significaba una completa inversión de la actitud normal del hombre hacia la vida, de «lo amaré si él me ama primero», a «él me ama, porque yo lo amé primero». Esto se parecía demasiado a jugar a ser Dios.
“Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.” - 1 Juan 4:19
Pero por más que intentaba argumentar en contra, persistía el sentimiento de que mi interpretación daba significado al misterio del nuevo nacimiento por «agua y sangre». La maestra decidió aceptar el desafío. Y esto es lo que hizo.
Trajo el rostro de la niña ante el ojo de su mente y la vio sonreír. Escuchó e imaginó que oía a la muchacha decir «Buenos días». Esto era algo que la alumna nunca había hecho desde que llegó a esa escuela. La maestra imaginó lo mejor de la muchacha, y luego escuchó y miró como si oyera y viera todo lo que oiría y vería después de que estas cosas fueran. La maestra hizo esto una y otra vez hasta que se persuadió de que era verdad, y se quedó dormida.
A la mañana siguiente, la alumna entró en su aula y dijo sonriente «Buenos días». La maestra quedó tan sorprendida que casi no respondió, y, por su propia confesión, durante todo el día buscó señales de que la muchacha regresara a su conducta anterior. Sin embargo, la muchacha continuó en el estado transformado. Para el fin de la semana, el cambio fue notado por todos; se convocó una segunda reunión del personal y la decisión de expulsión fue revocada. Como la niña permaneció amistosa y gentil, la maestra ha tenido que preguntarse a sí misma: «¿Dónde estaba, para empezar, la niña mala?».
“Pues Misericordia, Piedad, Paz y Amor es Dios, nuestro querido Padre, y Misericordia, Piedad, Paz y Amor es el hombre, su hijo y su cuidado.” - La Imagen Divina, Blake
La transformación es en principio siempre posible, pues el ser transformado vive en nosotros, y solo es cuestión de hacernos conscientes de ello. La maestra tuvo que experimentar esta transformación para conocer el misterio de la «sangre y el agua»; no había otro camino, y la experiencia de ningún hombre podría haber sido un sustituto de la suya.
“Tenemos redención por su sangre.” - Efesios 1:7
Sin la decisión de cambiar su mente respecto de la niña, y el poder imaginativo para llevarla a cabo, la maestra nunca podría haber redimido a la alumna. Nadie que no haya «derramado su sangre» y probado la copa de la experiencia puede conocer el poder redentor de la imaginación.
“Una vez que leas bien tu propio pecho, ¡habrás terminado con los temores! El hombre no obtiene otra luz, aunque busque mil años.” - Matthew Arnold
Capítulo 9: Una Visión Mística
“Y con muchas parábolas como estas les hablaba la palabra, conforme a lo que podían oír. Y sin parábola no les hablaba; pero cuando estaban solos, a sus discípulos les exponía todas las cosas.” - Marcos 4:33, 34
Esta colección de parábolas que se llama la Biblia es una revelación de la Verdad expresada en simbolismo para revelar las Leyes y los propósitos de la mente del hombre. A medida que tomamos consciencia de significados más profundos en las parábolas que aquellos que usualmente se les asignan, las estamos aprehendiendo místicamente.
Por ejemplo, tomemos una visión mística del consejo dado a los discípulos en Mateo 10:10. Leemos que, cuando los discípulos estaban listos para enseñar y practicar las grandes leyes de la mente que les habían sido reveladas, se les dijo que no proveyeran calzado para el viaje. Un discípulo es aquel que disciplina su mente para poder funcionar y obrar conscientemente en niveles cada vez más altos de consciencia. El calzado fue elegido como símbolo de la expiación vicaria o del espíritu de «déjame-hacerlo-por-ti», porque el calzado protege al que lo lleva y lo escuda de las impurezas tomándolas sobre sí. El objetivo del discípulo es siempre conducirse a sí mismo y a los demás desde la esclavitud de la dependencia hacia la libertad de los Hijos de Dios. De ahí el consejo: no toméis calzado. No aceptes intermediario alguno entre tú y Dios. Apártate de todos los que se ofrecieran a hacer por ti lo que tú deberías hacer, y podrías hacer, mucho mejor tú mismo.
“La Tierra está colmada de Cielo, y cada arbusto común arde con Dios, pero solo quien ve se quita el calzado.” - Elizabeth Barrett Browning
“De cierto os digo, en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.” - Mateo 25:40
Cada vez que ejercitas tu imaginación en favor de otro, sea para bien, para mal o con indiferencia, literalmente le has hecho eso a Cristo, pues Cristo es la Imaginación Humana despierta. Mediante el uso sabio y amoroso de la imaginación, el hombre viste y alimenta a Cristo, y mediante el mal uso ignorante y temeroso de la imaginación, el hombre desnuda y azota a Cristo.
«Ninguno de vosotros imagine mal en su corazón contra su prójimo», Zacarías 8:17, es un consejo sensato pero negativo. Un hombre puede dejar de hacer mal uso de su imaginación por el consejo de un amigo; puede ser servido negativamente por la experiencia de otros y aprender a no imaginar, pero eso no es suficiente. Tal falta de uso del poder creador de la imaginación nunca podría vestir y alimentar a Cristo. El manto de púrpura del Hijo de Dios se teje, no por no imaginar el mal, sino por imaginar el bien; por el uso activo, voluntario y amoroso de la imaginación.
“Todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.” - Filipenses 4:8
“El rey Salomón se hizo una carroza de madera del Líbano. Hizo sus columnas de plata, su base de oro, su cubierta de púrpura, su interior recamado de amor…” - Cantares 3:9, 10
Lo primero que notamos es «El rey Salomón se hizo». Eso es lo que todo hombre debe hacer con el tiempo: hacerse una carroza de madera del Líbano. Por carroza, el escritor de esta alegoría quiere decir la Mente, en la que se yergue el espíritu de la Sabiduría, Salomón, gobernando las cuatro funciones de la Mente para poder edificar un mundo de Amor y Verdad.
«Y José preparó su carro y subió a recibir a Israel su padre.» «¿Qué tributarios lo siguen a Roma para adornar con cautivas ataduras las ruedas de su carro?» Si el hombre no se hace una carroza de madera del Líbano, entonces la suya será como la de la Reina Mab: «Ella es la partera de las hadas;… su carro es una avellana vacía».
La madera del Líbano era el símbolo místico de la incorruptibilidad. Para un místico, es obvio lo que el rey Salomón se hizo. La plata tipificaba el conocimiento, el oro simbolizaba la sabiduría, y la púrpura vestía o cubría la Mente incorruptible con el rojo del Amor y el azul de la Verdad.
“Y le vistieron de púrpura.” - Marcos 15:17
La sabiduría cuádruple, encarnada e incorruptible, vestida de púrpura, Amor y Verdad, el propósito de la experiencia del hombre en la tierra.
“El Amor es la piedra del sabio; toma el oro del terrón; convierte la nada en algo, y a mí me transforma en Dios.” - Angelus Silesius
Neville Goddard, 1956