Sigo leyendo a Neville en orden, y esta es la segunda noche del curso de 1948, la Lección 2, “Las Asunciones se Solidifican en Hechos”. Conviene leerla pegada a la primera, porque se ve algo que salteado no se ve: lo que la lección uno dejó plantado como una semilla, la dos lo hace crecer hasta volverlo el centro de todo.
Te recuerdo dónde quedamos. En la primera lección Neville puso el cimiento, la consciencia es la única realidad, y ahí, casi al pasar, nombró una letra hebrea, la SHIN, el diente que consume, que te da el poder no solo de crear un estado sino de des-crearlo, de soltar lo que ya no querés. En la primera lección eso era una línea. En la segunda, es el corazón de la noche.
Porque la idea central de esta lección, si la reduzco a una frase, es incómoda: el deseo, mientras lo sostenés como deseo, te roba. Va justo contra el sentido común espiritual de hoy, que celebra el querer, el desear fuerte, el manifestar desde las ganas. Neville dice lo contrario. Dice que mientras estás deseando algo, estás confesando que no lo tenés. Y esa confesión lo mantiene afuera.
Lo personifica en Barrabás. Acordate de la escena: la multitud tiene que elegir a quién liberar, y elige a Barrabás en lugar de Jesús. En hebreo, Barrabás significa hijo del padre. O sea que es un hijo legítimo de tu consciencia, igual que Jesús. Pero es el hijo del deseo que todavía quiere, del estado que sigue insatisfecho. Y mientras vos lo mantenés vivo, te roba el otro hijo posible, el del deseo ya cumplido. Por eso la pregunta de esta noche ya no es “¿qué querés?”. La pregunta es “¿de qué estado estás dispuesto a soltarte?”.
Neville lo dice así, y conviene leerlo despacio:
“No puedo tener y aún continuar deseando lo que tengo. Puedo disfrutarlo, pero no puedo continuar queriéndolo”.
Si seguís queriendo, no tenés. Si tenés, dejás de querer. La oración cumplida se reconoce por el silencio del deseo, no por su intensidad.
Y acá aparece el concepto que da título a la conferencia: la asunción. No la afirmación, no el deseo. La asunción. En español conviene despejar la palabra, porque asumir no es fingir ni engañarse. Asumir es tomar como propio. Cuando alguien asume un cargo, no está pretendiendo, está ocupando el lugar. Eso pide Neville: no que te imagines siendo eso, sino que ocupes el lugar de ser eso. Que tomes la responsabilidad interna de haber llegado a serlo.
Hay un detalle en el título que es fácil pasar de largo y que a mí me ordenó todo. Neville dice que la asunción, aunque falsa, si se sostiene, se endurece o solidifica en hecho. La palabra clave es aunque. Está admitiendo, sin vueltas, que en el momento de asumir la afirmación es falsa. Y eso importa, porque mucha gente abandona la práctica al sentir que se está mintiendo. Neville te contesta de antemano: claro que es falsa ahora, si ya fuera verdad no necesitarías asumirla. La asumís precisamente porque todavía no es. Y al sostenerla, deja de ser falsa. Fijate que el verbo, solidificar, endurecer, es de albañilería. Algo blando, mental, posible, que se va endureciendo hasta volverse circunstancia. Pero solo si lo sostenés.
Vuelvo al hilo cronológico porque es lo que más me interesa marcar. Ese soltar el estado viejo que en la lección uno era una sola letra, acá tiene cuerpo y hasta drama. Neville lee el suicidio de Judas de una manera que casi nadie ve: Judas viene de Judá, que significa alabanza, dar gracias. Judas no es el traidor, es la alegría anticipada, el “gracias” que se eleva en vos cuando asumís bien. Y cuando esa alegría aparece, algo se muere. Pero no se muere Jesús, se muere tu identidad anterior. Por eso Judas se suicida, no lo matan desde afuera. El viejo vos se suelta desde adentro, cae por su propio peso. No hay traición, hay liberación. Eso es la SHIN de la primera noche, ahora contada como una escena entera.
Con una sola cosa práctica cierro porque es la que evita el error más común. Neville lo llama la ley del esfuerzo invertido: si forzás, perdés. La asunción correcta es liviana, casi indiferente, la de alguien que ya tiene lo que quería y por eso dejó de preocuparse por tenerlo. Y lo completa con la imagen de Rahab en el aposento alto: una vez que asumiste, no bajes a chequear. No te asomes a ver si el mundo ya cambió. Salir a verificar es lo que cancela el resultado, porque al no encontrar evidencia todavía, dudás, y al dudar volvés al estado anterior. La técnica pide una fe muy concreta, la fe de no chequear.
La frase que dejo resonando es la que Neville usa al final:
Hay toda la diferencia del mundo entre sostener una idea y ser sostenido por la idea.
Sostener es esfuerzo, es voluntad apretando los dientes. Ser sostenido es haber entrado tan adentro del estado que ahora el estado te lleva a vos. Te despertás y ya sos eso, sin tener que reforzarlo.
Así que la pregunta para reflexionar es esta: eso que estás tratando de manifestar, ¿lo estás sosteniendo vos, o ya te sostiene a vos? Porque ahí, según Neville, está la diferencia entre la asunción que se endurece en hecho y la que se queda en idea.
Si querés ir más a fondo te dejo debajo el link al video de youtube del Podcast “El Eterno, YO SOY”, Claves de Estudio de las conferencias y libros de Neville y el enlace a la conferencia original completa:
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