Sigo leyendo a Neville en orden, conferencia por conferencia, con las fechas al lado. Y esta es la primera de verdad: la Lección 1 del curso de cinco que dio en Los Ángeles en 1948, “La Consciencia es la Única Realidad”. Es el punto de partida de toda la obra, así que vale la pena leerla despacio, porque casi todo lo que viene después es esta semilla abriéndose.

Empiezo por el título, que en Neville siempre es una brújula. No dice que la consciencia sea importante, ni que sea un factor. Dice única. Es una afirmación absoluta, y todo lo demás de la conferencia, las historias bíblicas, los nombres en hebreo, la técnica del final, está al servicio de esa sola frase.

La pregunta que Neville responde acá es concreta:

¿qué es lo que verdaderamente crea tu mundo?

Y su respuesta tiene un filo que es fácil pasar por alto. No es lo que pensás, ni lo que querés, ni lo que hacés. Es aquello de lo que estás consciente de ser.

Fijate en la distinción, porque es la parte más fina y la que casi todos leemos rápido. Una cosa es estar consciente de algo: esta pantalla, la habitación, otra persona, un problema. Otra cosa muy distinta es estar consciente de ser algo. Cuando Neville dice que tu consciencia es Dios, no habla de tu capacidad de observar. Habla de tu sentido de identidad. De ese yo soy callado que sostenés aunque no lo formules. Tal vez ahora mismo estás consciente de ser alguien que la está peleando con la plata, o alguien que no encuentra su lugar, o alguien sano y capaz. Sea lo que sea que sostengas como identidad operativa, eso es lo que el mundo externo te va a confirmar, una y otra vez.


Neville lo dice así:

“La piedra angular sobre la cual todas las cosas se basan es el concepto que el hombre tiene de sí mismo. Actúa como actúa, y tiene las experiencias que tiene, porque su concepto de sí mismo es lo que es, y por ninguna otra razón”.

Por ninguna otra razón. No por la economía, no por la suerte, no por el karma. Por el concepto que tenés de vos.

Y acá aparece el corazón conceptual de la conferencia: el nombre de Dios en hebreo leído como una fórmula psicológica, JOD, HE, VAU, HE. No como el nombre de un personaje, sino como el mecanismo por el que generás tu experiencia. JOD es tu yo soy, la consciencia pura. HE es tu capacidad de imaginar algo distinto de vos. VAU es el clavo, lo que une, tu capacidad de sentirte siendo eso que imaginaste, de fundir tu identidad con el deseo. Y la última HE es el mundo objetivo dando testimonio.

Ese último punto es el que quiero que te lleves subrayado: el mundo es la cuarta letra, no la primera. Es testimonio, no causa. La creación es un movimiento interno que después se expresa afuera, nunca al revés. Si eso es cierto, entonces hay una sola cosa que importa hacer bien, ser cuidadoso con aquello que asumís ser, porque todo lo demás, la salud, el trabajo, los vínculos, es consecuencia y no causa.

Ahora quiero conectar dos cosas que en la conferencia aparecen separadas pero que juntas forman un par, y que a mí me terminó de ordenar la lección entera. Por un lado está ese nombre de cuatro letras, que es el poder de crear. Por otro, más adelante, Neville se detiene en una quinta letra, la SHIN, la que convierte el nombre del Padre en el nombre del Hijo. Dice que la SHIN es un diente, algo que consume, y que está ahí por misericordia, porque te permite desprenderte de los estados que ya creaste.

Pensá lo que eso implica. No tenés solamente el poder de crear un estado. Tenés también el poder de des-crear. De disolver algo que vos mismo manifestaste y que ya no querés. ¿Cómo se disuelve? Quitándole atención, quitándole el sentimiento de identificación. Si dejo de estar consciente de ser pobre, la pobreza pierde en mí su sustento. La SHIN consume. Y me parece enorme que las dos cosas, crear y des-crear, estén las dos acá, en la primera lección, y no reservadas como un truco avanzado para más adelante.


Con eso quiero cerrar, sobre un malentendido que es el que más veo en quien empieza. Esto no es positivismo. No es repetirse frases lindas. Es un trabajo de identidad. Y por eso, cuando lo hacés bien, no se siente como entusiasmo ni como euforia. Se siente como descanso. Como saciedad. Como dejar de tener hambre del estado, porque ya lo sos. Esa quietud satisfecha, y no la excitación, es la señal de que algo entró. Si todavía deseás con sed, todavía no asumiste.

Así que la pregunta para esta semana, la misma con la que Neville deja la clase, es esta: ¿de qué estás consciente de ser ahora mismo? No qué pensás, no qué querés. De qué estás consciente de ser. Porque eso, según él, es lo único que está creando tu mundo en este momento.

Si querés ir más a fondo te dejo debajo el link al video de youtube del Podcast Claves de Estudio y el enlace a la conferencia original completa:

Si algo de lo que conté aquí te resultó familiar y querés mirarlo con más calma en una conversación, podés escribirme directamente.